viernes, 6 de julio de 2012

Socialización y Diversidad Funcional.

También contrarias a la postura de Durkheim, Bárbara Rogoff (1993) enfatiza  la participación guiada del niño en su socialización, considerando que se presenta en todo grupo social, pero mantiene rasgos específicos de la cultura a la que pertenezca; específicamente se refiere a las formas en que el niño aprende activamente en interrelación con otros. Mariëtte de Hann (1999), agrega, que la cultura y sus diversas formas son establecidas por cada grupo social, y que ello se lleva a efecto con la interrelación de la institución familiar, y de la escuela. (2)



Si bien la satisfacción a necesidades básicas y la interrelación con otros ván  gestando en los niños diversas formas de introyectar las experiencias de socialización y  su adaptación social importante es diferenciar entre la socialización primaria y la secundaria para explicar las variantes que nutren la expresión de la diversidad.

(2)

Bermúdez Urbina, Flor Marina, Núñez Patiño, Kathia (      ).  Socialización y aprendizaje infantil en un contexto intercultural.

 a)  Socialización primaria. Es el proceso a través del cual el niño crea su concepción del mundo que le rodea, a través de la plasticidad neurológica, la dependencia hacia los adultos, y la sensibilidad creadora de la infancia y niñez. Sus fines son para alcanzar sentido de pertenencia y de estatus como miembro de una sociedad, requiriendo  a estructurar significantes tanto cognoscitivos como emocionales.

      b)  La socialización secundaria.  Se refiere a cualquier proceso posterior; en ella las personas interiorizan una serie de mundos, dentro de los que se encuentran las instituciones, la división para el trabajo, las organizaciones de filiación, etc.  Estas experiencias de socialización  son cada vez más complejas, respondiendo a los subgrupos de la sociedad y no necesariamente requieren de significantes emocionales.
Cuando así sucede, la llamada resocialización o readaptación social es la vía a partir de la cual, la sociedad misma ofrece oportunidad de que las personas pueden transformar la visión e ideario de la socialización primaria, para favorecer a nuevos significantes, especialmente de índole emocional. Sin embargo, ya que obliga a enfrentar los déficits de una socialización infantil  en la adultez, es necesario que las personas participen en el proceso mismo; que supere sentido de status creado en su pasado; enfrentar con fortaleza yoica las sanciones del grupo de referencia o de la sociedad, presentándose ante ello, la llamada socialización anticipatoria (A través de la cual, la persona adopta un grupo de referencia distinto al grupo en el que construyó su sentido de pertenencia, y reproduce comportamientos afines para ser aceptado).

     De acuerdo a Martine Abdallah-Pretceille 2001(3), el aprendizaje de la socialización conforma la cultura entre los individuos y entre los grupos sociales, teniendo a la vez, dos funciones: Una función ontológica que permite al ser significarse frente a los demás, y una función instrumental que facilita la adaptación a nuevos entornos, produciendo comportamientos y actitudes, es decir, cultura.

 Sin embargo,  socialización y cultura no están exentos de status y roles sociales, implícitos en la expresión del comportamiento y del ideario que les cobija. Así, el status es producto de la evaluación que hace de él la sociedad, aunque puede variar en función de los contextos en los que interactúe. Los roles sociales se refieren a las reglas de comportamiento que se esperan en relación a su persona. Mas allá de una postura determinista, la concepción  dinámica de los roles sociales y su posibilidad de transformación  puede llegar a pautar nuevos status y por consecuencia, modificar el ideario en la cultura.

 A fín de comprender el reto que significa  la concepción de Diversidad funcional dentro de la sociedad del S. XXI, en particular ante el grupo celular de la sociedad como lo ha sido la familia, es importante no olvidar que el status adscrito ha sido el recurrente para destinar a las personas con déficits motóricos, perceptuales y cognitivos, cuando es una característica de su persona al momento de nacer. Por consecuencia, tanto status como roles influyen en las prácticas de crianza y en la educación de los niños, diversificándose ante el tipo de deficiencia orgánica, la intensidad de la afectación, y la manifestación de capacidades para la vida en sociedad, bajo el estigma de normalización.

 El status adquirido, es mayormente asignado a las personas que en la adultez enfrentan un déficit orgánico, el cual requiere de adaptación de manera autónoma, demostrando con ello, la posibilidad de independencia en los diferentes ámbitos del cotidiano, bajo la huella de la funcionalidad social.

 A su vez, el status principal, se refiere a la forma en que cada sociedad valora las actividades institucionales; así, si una sociedad se organiza en las relaciones de parentalidad, el status familiar es preponderante; si una sociedad  se organiza en la riqueza económica, el status más preciado sería quizás de tipo profesional.  

 Independientemente del status que la sociedad confiera a las personas con Diversidad Funcional, aún prevalecen condiciones de exclusión e inequidad. Para la Declaración sobre una Cultura de Paz de la Organización de las Naciones Unidas de 1999 (4),  los países y las sociedades, a través de una educación que reflexione, impulse y valore los derechos humanos, podrían coadyuvar a combatir a la opresión con que és concebida y comprendida la situación de Diversidad Funcional, en hombres y mujeres.  Incidiendo transversalmente y de manera intergrupal, entre las personas con y sin diversidad; de una forma intra-grupal, ante las diferencias de género, edad, orientación sexual, niveles escolares y laborales, acceso a independencia, tipología y grado de diversidad funcional. Haciendo frente a la vez,  a la violencia de la pobreza, la discriminación, o la dependencia obligada.
Una pretensión de tal  magnitud,  por tanto, asignaría responsabilidades a las distintas agencias de socialización (Familia, grupos  de iguales,  escuelas, asociaciones  varias,  y medios de comunicación masiva),  concebidas como  las vías a partir de las cuáles se trasmiten y modifican  los conocimientos, las actitudes y los valores,  a la vez, creando y recreando la cultura.

 Particularmente, siendo la familia la agencia que socializa al niño a partir de reglas y valores con orígenes exógenos, entre algunos la creencia religiosa, la clase socioeconómica, la etnia, puede explicársele como simple trasmisora de creencias, ideas y pautas de conducta; sin embargo, de acuerdo a la teoría de la estructuración social de A. Giddens, puede romperse la dicotomía entre estructura social e individuo, ya que son éstos quienes construyen, objetivizan y pueden modificar subjetivamente las prácticas sociales; todo ello a partir de la conciencia práctica.(5)

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